Indumentaria para ver las estrellas

Este verano estuve observando estrellas con unos amigos y conocidos. Me llamó la atención una chica que apareció vestida "divina de la muerte". Iba completamente a la moda, con una minifalda porosa, unas sandalias y una camiseta de tirantes. ¡Ah!, y unas gafas de sol muy grandes que le ocupaban media cara.

Esa indumentaria era perfecta para tomar una café a media tarde en una terracita veraniega, pero no para ver estrellas. A nada que nos alejamos de la ciudad y nos metimos en el campo, la chica empezó a quejarse de su vestimenta. Las sandalias no eran lo mejor para caminar por el campo. Cuando no se resbalaba, se pinchaba y se arañaba los pies con el terreno.

Tras caminar durante unos minutos llegamos a la plataforma de observación, montamos los telescopios y nos sentamos en el suelo un rato mientras anochecía. Bueno, nos sentamos todos menos ella porque la minifalda porosa no la protegía lo más mínimo. Según empezó a anochecer, encendimos los telescopios e iniciamos la alineación. Menos mal que llevábamos pantalones largos y manga larga porque, cuando en verano se pone el sol, baja la temperatura y salen todos los mosquitos de la zona. ¿Sabéis a quién picaron los mosquitos? Efectivamente. A ella.

Noche de observación
Por la noche la visibilidad es mala. Lleva un buen calzado para evitar accidentes.


He de confesaros que cuando sales de casa en verano cargado con el telescopio, la mochila hasta arriba, ropa de repuesto, comida, bebida, el trípode, la cámara de fotos y ropa, pasas calor. Por eso, es un alivio que baje la temperatura y empiece a refrescar. De hecho, yo suelo llevar un jersey surfero, de esos que llevan cremallera y capucha, porque puedo ir abrigándome según lo necesite. Y, aunque en las noche de verano en la ciudad la temperatura no baja de los 25 grados, en el campo la cosa cambia y la temperatura puede bajar de los 16 grados. Claro, a esa temperatura, la protagonista de nuestra historia estaba temblando de frío.

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