Jornada astronómica en el CEE Juan XXIII - Fuenlabrada (10-06-11) (cont.)
Y llegó el viernes en cuestión. La previsión no era de lluvia. Parecía que, por lo menos en Fuenlabrada el cielo nos respetaría. Pero en otras zonas de Madrid, caerían chuzos de punta. Juan propuso empezar con charlas y así dar tiempo al cielo a despejarse un poco. Luego, nosotros (Paloma, Eduardo, Víctor y yo) nos encargaríamos de la proyección. "OK Juan. Adelante."
Cuando llegamos, Juan se había metidos a niños y adultos en el bolsillo. Les contaba las distancias del universo con un cuento, les enseñaba el movimiento del Sol y por qué los días son más largos en verano que en inverno. Y terminó su charla con todos los presentes lanzando azucar al aire para ver el aspecto que tiene nuestra galaxia a escala.

El lanzamiento del azúcar es uno de los puntos del Método Macarrón que más gusta a niños y adultos.
Cuando terminaron, aprovechamos que los chicos y los profesores se iban a cenar. Nosotros nos pusimos manos a la obra. Preparamos una zona donde montaríamos el telescopio, con una vista limpia de la zona por donde aparecería algo más tarde la Luna; montamos una mesa donde colocamos el proyector, otra para el ordenador y por último la gran pantalla donde proyectaríamos todo lo que viese el telescopio.
Pero el mes de julio aún nos tenía preparada otra pequeña sorpresa: el aire. Cuando parecía que nos libraríamos de las lluvias que esa tarde asolaban Madrid, se levantó una brisa. No era fuerte, pero sí lo suficientemente molesta como para mover la pantalla. Pero la ilusión y las ganas por hacer feliz a todos los asistentes, vencieron al desánimo. Cogímos una gran cinta y atamos, literalmente, la pantalla y su pedestal a la fachada del colegio. Quedó tan robusta que no la podría haber movido ni siquiera un vendaval.
El cielo estaba cubierto pero, poco a poco, iban predominando los claros. Además, la Luna parecía ejercer su influjo sobre las nubes y las apartaba para que pudiésemos tener una buena vista. Juan, mientras tanto, montó su telescopio en otro punto del patio. Así, todos los que quisieran podrían asomarse al ocular y ver, en vivo y en directo, la superficie de la Luna.
Los chicos no tardan en llegar. Venían entusiasmados y, cuando se encontraron con todos los equipos montados, dieron saltos de alegría. En la pantalla gigante el cráter Copérnico les daba la bienvenida. El terminador pasó muy cerca suya y había el suficiente contraste entre las sombras y los claros como para distinguir su relieve, contorno y las montañas de su interior.

Copérnico quiso estar con nosotros y maravillarnos con su presencia.
Aprovechamos la vesión que teníamos de la Luna para dar un paseo por su superficie. Le pedimos al telescopio que se moviese con una velocidad mínima y nos dimos un paseo por los mares lunares, los valles, el terminador, el contorno y la zona más accidentada, llena de cráteres.
Con este paseo explicamos a los asistentes el aspecto tan diferente que tiene la cara visible de la Luna, de la oculta. Llevamos el telescopio hasta la zona donde aterrizó el módulo Eeagle en 1969, con lo que tuvimos una charla muy interesante sobre si el Hombre llegó realmente a pisar la superficie de nuestro satélite. Fue una charla muy entretenida donde les recomendamos pasar por la Web de la NASA y buscar las fotografías que tomó la sonda LRO de las huellas que dejaron allí las misiones Apollo.
También vimos al "Señor de los anillos", Saturno. No estábamos muy convencidos de que la webcam tuviese la capacidad suficiente como para capturar detalles del planeta y de que éstos quedasen bien al proyectarlos en una pantalla gigante. Pero gracias a la pericia de Paloma, que se puso a los mandos de la webcam y que consiguió perfilar la mejor configuración posible, nos encontramos con una imagen impresionante de Saturno en la pantalla gigante. Seveían los anillos, la sombra que proyectaban sobre la superficie del planeta, la diferencia de tonalidad existente entre los hemisferios, etc.

Las expresiones de asombro reinaron la noche cuando Saturno apareció en la pantalla gigante.
Foto: Paloma y Eduardo (www.hormiguitas.org)
Allí estuvimos hasta las 12 de la noche, uno finalmente las nubes se cansaron de darnos tregua y cubrieron completamente el cielo. Mientras desmontamos los equipos y dejamos todo recogido, Paloma y Eduardo les enseñaron algunas de las fotos que han hecho de los planetas y del espacio profundo. Los asistentes se quedaron boquiabiertos cuando vieron la galaxia de Andrómeda o Las Pléyades. Y es que nuestros amigos son unos magníficos astrofotógrafos.
Finalmente, los chicos se despidieron de nosotros esas fueron a la cama. Había sido un día muy intenso para ellos. Ese día dormían en el colegio y estaban agotados. Los profesores les acompañaron adentro mientras nosotros terminábamos de cargar las últimas cajas. Nos fuimos a casa con una sonrisa en los labios. Estábamos convencidos de que más de uno pudo acariciar esa noche la Luna con sus manos.
Carlos Anaya
Fundador de AstroFácil y co-fundador de AstroSiMa




